31 de julio de 2011

Consumir en socialismo

El venezolano navega entre las aguas de este modelo ideológico que comenzó a implantarse desde hace doce años y los caudales del consumismo cimentado por décadas ¿Qué entorno sortea día a día y cómo son sus actitudes y comportamientos en la Venezuela de hoy?

Más de una década lleva en gestación el denominado “Socialismo del siglo XXI” en suelo criollo. Y durante este tiempo muchos venezolanos, consumistas por naturaleza, vienen preguntándose cómo se acopla ese nuevo modelo político-económico-social a su cotidianidad, esa en la que hacerse de bienes y servicios parece ser el norte. Menuda paradoja.

Sin caer en debates bizantinos sobre los aportes del socialismo del gobierno del Presidente Hugo Chávez –que sí los hay– o de sus desafueros –que también existen–, es de todos conocidos que hasta el año 2008, y con marcada tendencia creciente en los tres años precedentes, en Venezuela se vivió “la fiesta del consumismo”. Pero los avatares de la crisis mundial y los torbellinos de nuestra realidad hicieron mella en los indicadores radiantes de la economía nacional.

Es así como desde 2009 el consumo privado ha venido en picada. Esto, entre otras razones, ha sido el resultado de una inflación sostenida, flagelo que ha mermado el poder adquisitivo de los bolsillos de quienes habitan en esta ribera del Arauca vibrador. Hay quienes acusan a ese “socialismo en progreso” de los males de la República y, en contrapartida, están los que atribuyen al “capitalismo salvaje” (nacional y foráneo) el origen de las penurias. Lo cierto es que, ya sea uno u otro caso, el venezolano común todavía parece seguir disfrutando de la compra de los más diversos productos, bienes y servicios. O, al menos, de los que encuentre.

Así las cosas y en el momento país actual, cabe preguntarse si los connacionales han adoptado el socialismo en sus patrones de consumo y cuáles son sus actitudes y hábitos de compra en la Venezuela de hoy. Que se inicie el despeje.

Para sentirse mejor

¿Cómo se puede caracterizar a un consumidor que vive en una economía cuyo modelo económico, social y político se define como socialista?


A quemarropa, Luis Vicente León, socio-director de la empresa de investigación de mercados Datanálisis, aborda la interrogante: “El gobierno venezolano se define como socialista, pero la población es consumista. Cuando se le pregunta qué es lo bueno del socialismo, las personas señalan que lo positivo es que brinda la posibilidad de incrementar el dinero en el bolsillo. ¿Y para qué? Para comprar”.

El economista, al ser consultado por PRODUCTO durante el evento “Tendencias de consumo” realizado por la Cámara Venezolana Americana de Comercio e Industria (Venamcham), considera que el consumo tiene su huella bien marcada en la historia de nuestro país, ya sea socialista o capitalista. “El venezolano es consumista y, por lo tanto, la oferta política termina adaptándose a él. Acá no aplica el argumento de que vamos hacia el socialismo y que existe o vendrá ‘el hombre nuevo’ y, en consecuencia, no vamos a consumir”, detalla.

Igualmente, León sostiene que los mayores momentos de conexión que ha tenido el Primer Mandatario Nacional con la masa, han sido cuando el gobierno ha generado aumento en el circulante, y ese dinero ha permitido que la población “se sienta mejor al consumir más”.

Por otro lado, hay que tener presente que el venezolano es un consumidor que sustenta tanto su afinidad por los productos como sus decisiones de compra en la experiencia y la aspiracionalidad, aunado a la calidad de lo que se oferta, tal como lo afirma Alie Charr, vicepresidenta regional comercial de la consultora Datos. Y este comportamiento, que bien podría decirse forma parte de la genética nacional, se sigue verificando en la Venezuela de hoy, una nación que transita por el camino del socialismo.

Incluso, a pesar de la situación económica actual del país y los aspectos ideológicos que se tratan de inyectar, la mayoría de la población se inclina hacia actitudes que encajan en el modelo consumista.
Según el estudio Pulso Consumidor de Datos, levantado entre febrero y marzo de este año, 61% está de acuerdo en adquirir marcas reconocidas, 63,8% en mantenerse al día con la última moda y 64,1% se fija más en la calidad que en el precio al momento de comprar. Esa disposición preponderante es un poco mayor a la existente en el año 2010, cuando cada variable reportó 55,5%, 58,7% y 62,1%, respectivamente.

Sin embargo, el director de Datanálisis acota que el consumidor se muestra ahora más sensible a los precios (a excepción de rubros como la tecnología) y evalúa más cuánto cuestan los productos. “Pero la sensibilidad a este factor se reduce cuando existe desabastecimiento, ya que se termina comprando lo que se consiga y al precio que sea”, dice.

A frenar la inflación

¿Cómo es el entorno macroeconómico en el que navega el venezolano?

Mes a mes, el anuncio del Banco Central de Venezuela en materia de Índice de Precios al Consumidor está entre los más esperados para dar algunas luces al respecto. Sus reportes son una especie de confirmación de “la sensación” popular de que hay “un hueco en la cartera y el dinero no alcanza” cuando se va al supermercado.

Lápiz afilado. De enero a junio de 2011, de acuerdo con el instituto emisor, la inflación acumulada es de 13%, que representó 3,3 puntos porcentuales menos con respecto al mismo período del año anterior. La medición anualizada, al cierre del primer semestre de este año, es de 23,6%, cifra que “está lejos del 31,3% observado en junio 2010”, indica el BCV en su comunicación oficial. La inflación de 2010 fue de 27,2%.


No obstante, al analizar los números de los 13 grupos que conforman el Índice Nacional de Precios, para el lapso junio 2010 - junio 2011, surge otra cara en el espejo. Para este año, el gobierno aspira a anclar la inflación en 25%, pero ya seis categorías superaron esa meta: bebidas alcohólicas y tabaco con 34,4%, bienes y servicios diversos, 30,9%; restaurantes y hoteles, 28,3%; transporte, 28%; salud, 27% y equipamiento del hogar con 25,7%. El sensible grupo de alimentos y bebidas no alcohólicas se ubicó en 22,3%.

Ante este panorama, el Ejecutivo Nacional se dispone a combatir la inflación. El pasado 18 de julio oficializó en gaceta el Decreto con Rango Valor y Fuerza de Ley de Costos y Precios Justos para “establecer las regulaciones, así como los mecanismos de administración de control necesarios para mantener la estabilidad de precios y propiciar el acceso a los bienes y servicios a toda la población en igualdad de condiciones”, según reza en el capítulo I del instrumento. Todo ello “en el marco de un modelo económico y social que privilegie los intereses de la población y no del capital”.

Vale mencionar que el vicepresidente ejecutivo de la República, Elías Jaua, al anunciar la ley, declaró que “no vamos a regular todos los productos, solo los que son esenciales para la vida de la familia. No se incluyen cigarrillos ni alcohol, tampoco carros lujosos, eso no nos interesa. Vamos a regular alimentos, medicamentos, materiales de construcción y vivienda, educación, textiles, uniformes escolares y útiles, calzado, entre otros”.

Aún es muy temprano para conocer el impacto de esta ley en consumidores y oferentes, ya que entrará en vigencia luego de 90 días hábiles de su publicación. Sin embargo, mientras el gobierno expone las virtudes de este mecanismo, diversos sectores económicos avizoran que la regulación no es lo más adecuado. La controversia usual.

Soy optimista

En todo caso, hay que considerar que la inflación siempre golpea el poder adquisitivo de los sectores de menores recursos. En este sentido, para el primer trimestre de este año, 80% de los consumidores venezolanos se ubican en los niveles socioeconómicos D y E, según estudio de Datanálisis presentado en junio pasado. El estrato E está integrado por 44,15% de la población; el D, por 35,85%; el C, por 17,69% y el AB, por 2,3%.

Si bien desde Miraflores se esgrime que, con el socialismo, la población pobre ha descendido significativamente, a decir del director de Datanálisis los indicadores son muy similares a los de 1999, cuando 40,8% pertenecía a la clase E y 37,9% a la D.

“Esto indica que no es cierto lo que dice el gobierno sobre la maravilla que han sido en estos doce años para resolver los problemas de pobreza. Pero tampoco es cierto lo que dice la oposición, que estos han sido los peores doce años de la historia del país”, desmenuza León.

Otro indicador importante que influye en la realidad del consumidor es el salario real. Este ha caído 17,5% en los últimos cuatro años, según la consultora.

En esta radiografía, también hay que considerar el índice de confianza del consumidor, el cual se sustenta en la situación económica familiar, las expectativas a futuro y la posibilidad de compras de bienes duraderos. En febrero de 2011 este indicador se situó en 41,2%, en claro descenso al registrado en diciembre de 2008, cuando alcanzó 53,9%, apunta el economista. “Lo que más ha caído en el índice de confianza es disposición a comprar bienes duraderos que pasó de 45% en 2008 a 28,6% para el segundo mes de este año”.

No obstante, la naturaleza optimista del venezolano sale a relucir. El estudio Pulso Consumidor de Datos, señala que, al comparar su situación económica actual con la de hace un año, 29,3% de los consultados percibe que es mejor o igual de buena y 28,5% expresa que es peor o igual de mala. En 2011, en contraparte, los números de esas dos variables eran 20,1% y 32,5%, respectivamente.

Una tendencia similar se da cuando se analiza la perspectiva del futuro. Este año, 30,5% piensa que su situación económica y la de su familia en los próximos seis meses será mejor o igual de buena y 25,5% será peor o igual de mala. Esto, de algún modo, representaría una “mejora” frente al año pasado, cuando los números eran 22,3%, en el primer caso, y 31,2% en el segundo.

¿Qué viene?

En contraste con los últimos años, se espera que al cierre de 2011 se logre una recuperación del consumo. 2010 registró una descenso de 1,9% y en 2009, el desplome fue de 2,9%; sin embargo, para finales de este año, Datanálisis, proyecta un crecimiento por el orden de 3%.

¿Cómo será esto posible si el poder adquisitivo del venezolano viene en caída libre? León expone su hipótesis: “La razón fundamental por la que estamos esperando esto radica en que, a pesar de la hostilidad del gobierno contra el sector privado –que afecta la generación de empleo y actividad económica–, hay que tomar en cuenta que hubo un incremento significativo en el ingreso petrolero y que el gobierno tiene la necesidad de gastar más plata e importar mercancías para tratar de generar una ilusión de mejora perceptual en el votante, de cara a las elecciones de 2012”.

El economista, de igual modo, prevé que el Producto Interno Bruto crecerá entre 2% y 3% y que la inflación podría ubicarse en 30%.

¿Cómo se seguirá moviendo el consumidor en estas aguas? ¿Continuará adquiriendo productos, bienes y servicios a “su aire” en tiempos de socialismo? Bien ha sabido el venezolano sortear muchas incógnitas en su día a día. Amanecerá y veremos.

Publicado en: Revista Producto
Sección: Informe Especial
Autor: Gloria Calderón
Fecha de publicación: Julio 2011 

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